domingo, 26 de septiembre de 2021

Louis de Funès


Louis de Funès


www.louisdefunes.com


Louis Germain David de Funès de Galarza y Soto (Courbevoie, 31 de julio de 1914 - Nantes, 27 de enero de 1983) fue un actor cómico francés de padres españoles.

Su vida artística no comenzó bien, debiendo recurrir para subsistir a pequeños trabajos tales como tocar el piano en bares de baja categoría. Haber poseído un buen oído musical le permitió aplicarlo, años más tarde, en filmes como Le Corniaud, Le Grand Restaurant y L’Homme Orchestre; además tenía buenos conocimientos sobre cine. En aquellos años, desarrolló la mirada sollozante y los gestos fastidiosos del Pato Donald según propia confesión.

En 1945 el actor Daniel Gélin​ presentó Louis de Funès a Jean Stelli, y éste le dio un papel en una secuencia de la película La Tentation de Barbizon, estrenada en 1946, en la que Gélin interpretó a Michel Berthier, el portero de la empresa «Publi-Mondial» y en la que de Funès debutó en el cine con el papel de otro portero, el del cabaret «Le Paradis». Este papel es el punto de partida de su carrera cinematográfica. Pocos años más tarde hizo de extra y de doble, desempeñando múltiples roles en un mismo film, como por ejemplo en la película Du Guesclin, en la que interpretó, al mismo tiempo, a un mendigo, a un astrólogo, y a un noble.

Contaba con poco más de 30 años cuando se presentó en el teatro por primera vez, y es su timidez una de las causas por las que no gozó de una fama inmediata. A principios de los años 50, Sacha Guitry le concedió pequeños papeles, particularmente, en los filmes La poison, Je l'ai été trois fois, Si Paris nous était conté, y La Vie d'un honnête homme, con lo que así tuvo la oportunidad de refinar su personaje sin utilizar muecas ni disfraces. Entre 1952 y 1953, sus participaciones en la revue Bouboute et Sélection y Ah! les belles bacchantes, respectivamente, comenzaron a contribuir al advenimiento de su fama como actor. Además, integró un grupo de actores cómicos con el que perfeccionó su técnica, explotando facetas desconocidas para él hasta ese momento. Al año siguiente, participó en la adaptación cinematográfica de Les belles bacchantes, su primera película en color.

Un director de cine, Claude Autant-Lara, notó su potencial cómico. Luego en 1957, en el filme Ni vu, ni connu, su interpretación del pescador furtivo huyendo del guardabosques le vale el título de «mejor cómico del momento». Claude Magnier lanzó la obra teatral Oscar en 1958, y aunque en los primeros años de representación de la obra de Funès no formaba parte de su elenco, empezó a actuar en ella a principios de los años 1960. La adaptación al cine de Oscar, del año 1967, también con de Funès en el reparto, fue un éxito de taquilla.

En 1964 estrenó el primer film de la saga del Gendarme, El gendarme de Saint-Tropez (gozando esta serie de películas de gran éxito hasta la muerte misma del actor). También en el año 1964, inició otra saga también exitosa: Fantômas, teniendo la misma dos secuelas más.Para cerrar ese inolvidable año, de Funès, con 50 años de edad, actuó bajo la dirección de Gérard Oury en la película Le Corniaud (España: El hombre del Cadillac, Argentina: El papanatas), teniendo por compañero a su amigo Bourvil.

En 1965, la revista Time llegó a comparar el dúo cómico Bourvil/De Funès a aquel dúo formado por Laurel y Hardy (El gordo y el flaco). Luego, en 1967, Louis de Funès volvió a actuar con Bourvil en La Grande Vadrouille (España: La gran juerga, Argentina: La gran fuga), que es el filme que más entradas vendió en el país galo con 17 millones de entradas (hasta la llegada de la película estadounidense Titanic de James Cameron en 1998). Aun así, ninguna otra película francesa consiguió llegar a ese tope hasta el estreno de Bienvenidos al Norte conservando el honor entre las películas compatriotas. Paralelamente, incursionó en teatro.

En 1971, siempre con Gérard Oury (su director fetiche), realizó en España La Folie des grandeurs (Delirios de grandeza). Su compañero iba a ser Bourvil, pero el actor falleció antes del rodaje, siendo sustituido por Yves Montand.

Desde marzo de 1973 se comprometió por completo con el rodaje de Las locas aventuras de Rabbi Jacob, que se estrenó el 18 de octubre del mismo año. Al día siguiente del estreno, actuó en teatro iniciando durante casi 200 días consecutivos la pieza de Jean Anouilh, La Valse des toréadors hasta abril de 1974. Desde entonces, descansó en el castillo de su esposa cerca de Nantes, donde disfrutó de la jardinería y se negó a realizar cualquier otro proyecto con el fin de dedicarse al próximo film de Gérard Oury, Le Crocodile, cuyo rodaje debió iniciarse en mayo de 1975. En ese proyecto, Louis de Funès iba a interpretar a un dictador sudamericano. Sin embargo, en plena preproducción, sufrió un infarto lo que lo obligó a desistir de ese proyecto, renunciando para siempre también a su carrera teatral ya que lo consumía físicamente.


Su carrera en el cine fue obstaculizada, y las aseguradoras plantearon no tener intención de cubrir nuevos rodajes. El director de L'Aile ou la cuisse (La pata o la pechuga) consiguió un seguro para dos semanas de rodaje, y Louis de Funès reapareció entonces en los rodajes, pero siempre con un médico y una ambulancia presentes en el lugar. Continuó así con los siguientes trabajos, aunque a un ritmo menos sostenido que en sus inicios.

En 1980 y después de varios años, cumplió finalmente su sueño: adaptar al cine su versión de una pieza de Molière. Es así como L'Avare (El avaro) llega a los cines, pero solo obtiene un modesto éxito.Ese mismo año, recibe un premio de las manos de Jerry Lewis. Más tarde, en 1981, uno de sus hijos le aconsejó leer una novela llamada La Soupe aux choux (La sopa de coles) de René Fallet, que según él, tenía el potencial para ser una buena película. Se dispuso entonces a adaptarla al cine en compañía de Jean Carmet y de Jacques Villeret.

Su carrera terminó al año siguiente con Le Gendarme et les Gendarmettes. Poco antes de su muerte llegaron a llamarle «el Chaplin francés». En 1983, a sus 68 años, sufrió una crisis cardíaca. Fue una gran pérdida para el cine francés. Gérard Depardieu, uno de los jóvenes actores más cotizados del cine francés en aquel momento, se lamentaba de su muerte comentando: "Los cómicos mueren siempre de una crisis cardíaca, porque hacer reír cansa el corazón".